La IA evoluciona tan rápido que cada día aparecen herramientas para escribir, dibujar, hacer música o vídeo. Es poderosa, sí, pero la pregunta importante es: ¿qué quiero hacer yo con ella?
La herramienta no es el destino. La IA propone, yo elijo; la IA crea y yo digo «esto no termina de encajar» y lo corrijo. Así, poco a poco, el resultado se vuelve mío.
No hace falta comenzar con un sueño enorme. «Quiero crear algo», «quiero probar» o «sería divertido enseñárselo a un amigo» es suficiente.
La IA amplía nuestras posibilidades, pero nosotros decidimos la dirección. ¿Qué probamos hoy?


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